Trabajadores de la salud trasladan fallecidos a causa del nuevo coronavirus en centro médico en Brooklyn, Nueva York, el 2 de abril de 2020.
Trabajadores de la salud transportan los cuerpos de las personas fallecidas en el Wyckoff Heights Medical Center durante el brote de COVID-19 en el distrito de Brooklyn de la ciudad de Nueva York, el 2 de abril de 2020.

NUEVA YORK - EE.UU. - Desde las trincheras en el epicentro de la pandemia de coronavirus, Stefan Flores, médico de la sala de emergencia en un hospital en Nueva York, fue uno de los primeros en compartir la batalla que se libró cuando los casos de COVID-19 abrumaron a las autoridades locales en la ciudad estadounidense más poblada y los centros médicos no daban abasto.  

En su relato de lo sucedido a la Voz de América, el 1 de abril de 2020, evidenció la carencia de equipos de protección personal a la que se enfrentaban él y sus colegas.

“Tengo una N-95 (mascarilla) para cada día y necesito protegerme durante mi turno y nada más", dijo Flores. Y aconsejó: "Así que es muy importante que todo el público se quede en la casa y se laven las manos, no se toquen la cara. Necesitan hacer lo que se llama distanciamiento social, porque si no se exponen al virus no te vas a infectar”.

Las palabras de este héroe de bata blanca se repitieron una y otra vez, en un esfuerzo para reducir las muertes que un año después han sobrepasado el medio millón de personas en Estados Unidos.

Esta tragedia llevó a nombres como el del paramédico neoyorquino, George Contreras, a brillar en la oscuridad de la crisis sanitaria que inundó las calles de ambulancias -como la suya- y donde la realidad de la inequidad del impacto de la pandemia, se registró en cifras humanas, en rostros y cuerpos que dejaron de respirar, como lo describió a la Voz de América el 12 de abril de 2020, al culminar un turno de trabajo.

"Me tocó Brooklyn y Queens, los pacientes que tuve eran latinos o afroamericanos, no había ningun paciente blanco, esto habla bastante fuerte de las desproporción que esta afectando a las minorías”, expuso entonces.

Para Contreras, las medidas de confinamiento redujeron el tráfico vehicular, el número de los peatones en las calles, y según su vivencia, en los hospitales crearon una realidad paralela alterna en medio de esta guerra contra el virus.

“La tranquilidad, la calma que se ve en las calles, es totalmente diferente a lo que esta pasando dentro de los hospitales y dentro de las casas de las personas que están enfermas”,  dijo.

“Entramos a estos lugares, a estos domicilios, y hay un caos total, personas obviamente preocupadas por sus familiares, personas que posiblemente estén infectadas también y no sepan pero realmente lo que está ocurriendo en el domicilio en toda la ciudad de Nueva York es algo sumamente impactante, ver personas que están en estado crítico, que están peleando por sus vidas y nosotros tratamos de atenderlos los mejor posible”, expresó Contreras hace casi un año en conversación con la VOA.

Víctimas mortales del COVID-19 y las despedidas  

A muchos la pandemia les dejó un vacío para siempre: víctimas del COVID-19 son también los que la pandemia les arrebató familiares, sin ni siquiera la posibilidad de dar el último adiós de manera tradicional.

Así lo recordó el sacerdote Fernando Echeverri, quien lidera una parroquia en Long Island y desde allí concedió a muchos el alivio espiritual. “Cuando me llaman por Facetime, les doy la absolución desde acá virtualmente, una oración y un poquito de fortaleza para esa situación. No podemos hacer más porque es una situación bastante complicada para todos”.  

La falta de acceso a los hospitales y la prohibición de reuniones públicas y aglomeraciones llevó también a que el padre Echeverri, en su dialogó con la Voz de América el 10 de abril del 2020, se refiriera a su iniciativa de desarrollar funerales virtuales como solución a estas limitaciones.

“Ese es el mensaje que le mandamos a todos en estos momento de pandemia, que a pesar de todo, como el ave Fénix, resurgiremos más fuertes y el señor Jesús nos está mandando esta cruz tan pesada, pero para triunfar hay que sufrir”, afirmó.

Todos somos esenciales

Muchos confiamos en que el sufrimiento esté llegando a su etapa final con la llegada de las vacunas  y medicinas desarrolladas en tiempo récord y que le dan esperanza a heroínas de esta pandemia, como es el caso de la enfermera argentina Soledad Chocobar, quien trabaja en Hackensack Meridiam Palisade, en Nueva Jersey.

En su conversación con la Voz de América compartió su esperanza para cuando esta crisis sanitaria sea cosa del pasado: “Quiero creer que la solidaridad se va a meter en nosotros, de una manera que vamos a ver a la persona de enfrente como alguien que es esencial".  

Argumentó que "todos somos esenciales".

"Yo soy enfermera, y soy esencial en este momento, pero también es esencial el señor, la señora que mantiene la cafetería en la escuela de mi niña, es esencial el señor que me recoge la basura, sos esencial vos trasmitiendo las noticias, somos todos esenciales”, afirma convencida.

Chocobar tiene la esperanza que esta crisis nos ayude a construir comunidad. “Cuando nos demos cuenta que no es solamente en la crisis. Yo creo que si eso se logra va estar fantástico, este mundo va estar fantástico”.

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